sábado, 16 de octubre de 2010

CAPERUCITO ROSA - Parte I



Para los amigos, verdaderos maravillosos.



EL HOGAR


Había una vez,
allá en los lejanos y húmedos arenales de Villa Salvaje,
un coqueto jovenzuelo que vivía con su mamita en una humilde pero bien cuidada casita de esteras.

Su abuelita le había tejido una linda chaqueta con capucha en punto arroz de color rosa
que se había convertido en su prenda favorita y casi nunca se lo sacaba
por lo que todos en el sector le llamaban desde entonces:

¡Caperucito!
¡Caperucito!
¡Caperucito Rosa!

Nuestro joven estaba entusiasmado esos días
porque dentro de pocos días iba a cumplir catorce años
y su mamita le iba a hacer una fiestita a donde irían sus compañeros del cole y
sus dos patazas gays del barrio: Nico y Tomy.

Aquella calurosa mañana de febrero, su mamita regresaba de la calle llamándole:

- ¡Caperucito, Caperucito! dónde estás cariño?
- Por aquí mamita! contestó Caperucito, quien bailaba
"La Rechazada" de Suzy Díaz frente al espejo a todo volumen.

Su mamita al verle gritó:

- ¡No!, ¡No, Caperucito!
¡Así no!
¡Así, no se baila!
y parándose al lado de Caperucito se puso a contonear sus caderas.
- Es así mi amor!, le dijo su mamita bailando con gracia esmerada…

Porque la bailarina mamita de Caperucito sabía que Caperucito era gay y no le importaba!
Ella amaba muchísimo a su talentoso hijito quien se aprendió al toque el pasito de vedete!
- ¡Así, Caperucito, así! Le aplaudió su mamita contenta.

Luego del baile, su mamita le pidió a Caperucito:
- Hijito, necesito que vayas donde la abuelita para llevarle un paquetito con quesito,
rosquitas y manjarblanco que tu tía Luchita envió de Cajamarca,
ya sabes cómo le encanta a tu abuelita acompañar su tecito con estas cositas.

- ¡Sí mami!, ¡Sí! Contestó Caperucito, a quien le enternecía la idea de visitar a su amada abuelita;
además que le emocionaba ir desde Villa Salvaje hasta el lejano distrito de La Magdalena.

La Magdalena quedaba lejos; tenía que cruzar cinco distritos y tomar dos combis,
por lo que su mamita le advirtió con dulzura:

- Caperucito, ¡ten mucho cuidado con los choros! Cuidado con tu mochila y tu celular!,
Ya sabes, no hables con extraños y no regreses muy tarde.

- No te preocupes mamita, yo se ir solo; me cuidaré.
Dijo Caperucito con su delicada voz mientras guardaba los paquetitos
del encargo en su mochila de lona.

- Bueno, ve entonces Caperucito; con cuidado,
muchos besos míos para la abuelita. No demores en regresar, le dijo,
mientras llenaba su frente con besos y le daba cinco soles para su pasaje.

Fue entonces cuando Caperucito
salió de su hogar ubicado en la ladera de un cerro
lleno de humildes casitas de esteras y triplay pintado.

- Chau mamiii! Gritó Caperucito volteando para enviar un cariñoso beso volado.

Y con su coqueto andar fue cargando su mochila aquella linda mañana de verano
hundiendo sus zapatitos negros de gamuza en la arena del camino que le conducía al paradero.

No tardó en llegar pasar la combi, hacia donde fue corriendo levantando la mano
y subió mientras el cobrador gritaba con su achorada voz:

Súe´, Chi’olo… súe´,!!!
Surquío´, Surco, MirafloooOres…!!!
Arranca ‘rrancaaaaA!!!



EL VIAJE


En la combi, nuestro joven amigo pegó su naricilla a ventana
y se hundió en pensamientos recordando a sus dos grandes amigos: Nico y Tomi

Para Caperucito, hijo único, no fué complicado contarle a su mami acerca de su homosexualidad.
Para Nico tampoco fue complicado decírselo a su madre;
pero con su padre el asunto fue doloroso:
el papá de Nico le pegó con el fuste grueso de cuero trenzado
mientras Nico le gritaba en llanto:
“¡Yo no decidí ser así!”, “¡Yo he nacido así¡” ¡Diosito me hizo así!
mientras su madre y sus hermanitos gritaban y lloraban a que no le sigan pegando.

Un chongazo.

"Pero, después ya no me dijo nada".
Contó el gordito de Nico a Caperucito y a Tomy
enseñándole sus piernas moradas por el fuste.

Tomy, la más loca de los tres, no tuvo ningún problema y sin muchas paltas,
anunció una mañana a su madre y a su padre:

- ¡Mamá¡, ¡papá! cuando termine el colegio quiero ser travesti y peluquera!

Ya que, el moreno buenmozo de Tomy había quedado fascinado con el “raz, raz,”
de las tijeras, siendo aprendiz en la peluquería de Cuca.

Cuca era la travesti peluquera vieja del barrio:
gorda y descuidada se la pasaba todo el día tirada en su viejo sofá
mirando las novelas de América en su televisión blanco y negro,
esperando el finde para ir a tomar con los faites del sector.

A Caperucito le gustaba vivir por los arenales de Villa Salvaje!

En la semana Nico, Tomy y Caperucito se la pasaban en el cole,
los sábados jugaban vóley y los domingos se iban a la disco del sector
donde por cincuenta céntimos entraban a bailar toda la tarde
y en verano bajaban todo el cerro hasta el mar a darse un chapuzón.

A Caperucito Rosa le gustaban los chicos pero nunca se había enamorado
y era virgen como Nico.

Tomy no era virgen.
Tomy de catorce, le había entregado su virginidad a su héroe:
el choro del barrio quien le ayudó a recuperar el celular que “el gato”,
un fumón de otro sector le había robado asaltándole.

Cesaron sus pensamientos cuando en la radio
sonaba el delicioso riff de la primera guitarra en "Mujer Hilandera" de Bareto.
El cual acompasaba con su pequeño piececito.


LA MOTO

El paisaje había cambiado.
Ya no habían cerros, ni arenas, ni esteras.
La Combi había entrado por Surco con sus casa regias,
sus jardines cuidados, y sus calles impecables.

Caperucito bajó en el próximo paradero
a esperar la siguiente combi que le llevaría a su destino final.

Hacía muchísimo calor.
Caperucito se paró todo lindo a esperar la siguente combi.

Porque de verdad,¡Era precioso nuestro Caperucito!

Tenía una ondulada, fina y abundante cabellera castaña clara
que peinaba como rizos,
una piel blanquísima como la de su abuelita cajamarquina,
mejillas sonrosadas, unos grandes y negros ojitos coquetos,
una naricilla llena pequitas y unos labios de frambuesa.

Vestía con su infaltable chaqueta color rosa,
shorts celestes cortísimos de jean,
correa beige, zapatitos negros de gamuza
y un pañuelito de seda (regalo de su abuelita)
amarrado a su fino cuello el cual completaba el delicado
atuendo veraniego de nuestro tierno mariconcito limeño.

Porque si no fuese tan bello,
hubiese pasado desapercibido ante los ojos de un motociclista elegantemente vestido
que se había detenido cerca suyo para admirarle.

Caperucito,
al sentirse observado volteó su cara
y el joven se sacó el casco para saludarle.

El motociclista, era un agradable joven de unos veintiún años,
vestía camisita a a cuadritos manga larga,
jeans negros y botines de cuero negro.

Tenía unos hermosos ojos azules y una sonrisa maravillosamente juvenil!

- Hola pibe!, le dijo el joven, con un encantador acento argentino.

- Hola, contesto alegre Caperucito.

- Cómo te shamás preciosura?

- Me dicen Caperucito Rosa.

- Jajajajaja, pero qué nombre más copado!
Sos una monada! y decime pibe,
¿qué hacés por aquí, Caperucito?

- Espero la combi para ir hasta La Magdalena a visitar a mi abuelita.
Contestó Caperucito con una coqueta naturalidad feliz de charlar
con aquel elegante joven de ojos azules.

- Faltaba más pibe,
si vos querés,
sho te puedo shevar en la moto, viste?

- ¿De verdad? - se emocionó caperucito haciendo palmitas!

- Sí nene! subí, subí detrás mío.

Caperucito cautivado subió torpemente a la cómoda moto de aquel joven preguntándole.

- ¿Y ud, cómo se llama?

- Sho creo que vos vas a reir al oirlo, nene.

- ¡Dígamelo! ¡Dígamelo!

- Te lo voy a decir en el oido, preciosura.
A mi me dicen el Lobo Feroz. - le dijo el argentino
que había volteado para sussurrárselo al oido, mientras le daba un tierno mordisco.

Nuestro virginal Caperucito,
lanzó un pequeño gritito al sentir ese mordisco.
Era una sensación embriagadoramente nueva que nunca había sentido.

Consciente de la reacción de Caperucito,
el argentino sonrió complacido haciendo arrancar su moto,
mientras Caperucito extasiado se sujetaba a la cintura del argentino,
qué rico olía aquel hombre, qué encantador y qué caballero al ofrecerse llevarle
hasta su abuelita pensaba Caperucito mientras el viento hacía volar su
pañuelito y sus rizos.

- Y usted. ¿Hacia dónde va?, preguntó nuestro jovenzuelo.
- A una fiesta nene...
- ¿Una fiesta? - preguntó Caperucito - Tan temprano?
- Sí nene, una fiesta de piscina. ¿Querés ir?
- ¿De verdad? gritó Caperucito mientras su corazón saltaba de emoción.
- Sí, le dijo el argentino, ¡Una súper fiesta! Andá vamo, ¿Qué decís?


CONTINUARÁ

viernes, 18 de diciembre de 2009

Cabro Salado

A la edad de 5 años, Franz se dio cuenta que él no era como los demás chicos:
no le gustaba el fútbol, ni las canicas, ni los trompos.

Él prefería jugar a la casita, con muñequitas, armar con las mantas su toldito,
y jugar feliz en su mundito de fantasía;
aunque en casa todos le apanaban mientras le gritaban que deje de ser tan mujercita,
pero aprendió a huir de esa adversidad refugiándose en su mundillo donde todo era lindo.

Cuando tuvo 8 años huyó literalmente de la escuela de varones donde estudiaba,
pues en el baño le encontraron haciendo mariconadas con su compañerito,
es decir, el auxiliar lo encontró tocándole el pene a su otro compañerito.

Le llevaron a la dirección y no pudo explicarse.
Llamaron a su madre y él lo negó todo frente al director de la escuela.

Por suerte, su padre policía, ausente casi siempre por su trabajo, nunca se enteró,
pero jamás olvidará que su madre le dio una cachetada llegando a casa y sus compañeros al
enterarse del chisme, comenzaron a decirle "maricón, maricón"

Franz ya no quiso volver al colegio de pura vergüenza,
vagó por las calles de Lima lo que quedaba del año vestido de colegial;
en la plaza San Martín hizo amistad con muchas pirañas, lustrabotas y vagos
con quienes compartía juegos inocentes los que siempre acababan en morbosas sobadas sexuales.

Conoció a Súper Mario Bros y se la pasaba días y días en el video juego, a veces jugando
y la mayor parte del tiempo mirando jugar a los demás,
fue en ese pimball donde conoció un hombre quien lo llevó a su cuarto,
hizo que Franz se pararse sobre un banco y le penetró por primera vez haciéndole llorar.

Franz sólo se quiso ir a casa, le dolió el culo una semana mientras cagaba
y espantado miraba los hilos de sangre que le salían...

Su padre policía le sacó la mierda cuando se enteró que no se fue al colegio durante todo el año,
se lo llevó con él al pueblo de la sierra donde prestaba servicio y de castigo lo matriculó en la escuela local donde por cierto sobresalió.

A sus 11 años su madre murió y a sus 12 años su padre ya había rehecho su vida con una mujer del pueblo quien tenía un hijo mayor de su anterior compromiso.

Su madrastra fue amable con él. Sus hermanastro también lo fue y radicó en el pueblo.

Cuando cumplió 13 años, Carlos, su hermanastro de 16 años, llegó borracho y se quedó dormido en calzoncillos sobre la cama.

Franz, tentado ante semejante belleza le acarició los genitales muriéndose de miedo hasta que el pene de Carlos tuvo una violenta erección, Franz se atrevió a meter su mano dentro de los blancos calzoncillos y sentir extasiado la verga gruesa, suave y caliente de su joven hermanastro...

La próxima vez que Carlos llegó mareado le dijo: Te gusta ¿no?. A lo que Franz afirmó con un suave movimiento de cabeza.

Fué en en esa ocasión que tuvo su primera relación sexual y sintió placer al mismo tiempo que su hermanastro eyaculaba dentro de él.

Sus encuentros sexuales se hicieron costumbre y clandestinos en aquel pueblo,
él era feo, pero aprendió pronto a levantarse a los borrachos del pueblo que caían fácil para un polvo fugaz.

Aprendió a disfrutar el excitante placer del sexo escondido.

Cuando cumplió catorce años se enamoró por primera vez del colega de su padre, un policía guapísimo, llamado Leo, joven, risueño y alto.

Franz le miraba de reojo y esperaba ansioso verle borracho para entablarle su estúpido pero eficaz floro.

Y así fue que llegó un domingo y Leo, el tombo en cuestión, se agarró a beber en una cantina del pueblo con algunas autoridades.

Franz, cual zorro tras su presa, entró a la cantina, donde la dueña era su amiga, se puso a charlar con ella, sin que nadie sospechara que estaba al acecho del policía.

Calculando lo esperó en el baño.

Leo entró al baño y Franz se deslizó trás él,

“Hola, disculpa no sabía que estaba ocupado, quiero tomar aguita”, le dijo Franz mientras clavaba su infalible mirada de “Niño-arrecho-sin mundo” en la rica pinga negra de Leo...

“Hoola, Francito cómo estás”, preguntó Leo mientras seguía chicando...

“Pues aquí mirándote”


Leo captó al toque, le correspondió con una sonrisa y le dijo "Qué!, no me digas que te gusta”

“Pues no se…”, dijo Franz con una provocativa voz infantil.

Leo le cogió de la barbilla sin dejar de orinar “Tan chibolo y cabro?”

“No digas eso”, susurró Franz.

“Quieres chupar esta rica pieza” preguntó Leo sacudiéndose el pene y acercándose a Franz.

“No se…”, dijo Franz excitadísimo al ver y oler el aroma que leo desprendía: cerveza, tabaco y sándalo.

“Espérame un toque en la esquina de mi cuarto”, susurró Leo.


Y fue así que terminó bajo el cuerpo de aquel único hombre de quien se enamoró por primera y única vez en su vida, se sintió amado y vivió pocas pero inolvidables noches con Leo.

Cabro salado!, la dicha no le duró mucho, su padre, salvaje nada estúpido, se ganó de todito, interrogó a Franz llegando un día borracho, le sacó la mierda, le aplastó y le rompió la cara con su bolceguís...

Espantado y con la mejilla partida Franz logró zafarse de los golpes de su padre y huyó hasta el río, donde llorando desconsoladamente, pudo lavar su rostro empapado en la sangre que imparable teñía macabra, las cristalinas aguas de aquel río.

Su cabeza zumbaba mientras recordaba el atronador juramento de su padre amenazándole:

“Yo me entero que eres cabro y te mato” le había dicho el desgraciado de su viejo,

“Te juro que te mato conchadetumadre!”, le había vuelto a adecir señalándole con el dedo…

Franz temblaba y desde ese día nunca más volvió a sentirse ni niño ni interesante.

Era feo, pero había aprendido a iluminar su mirada, pero ahora, con la cara partida y esa espantosa cicatriz que le quedó luego, quedó marcado de por vida por no sólo por fuera sino también por dentro.

Su homosexualidad recientemente aflorada la reprimió para siempre.

Nunca más volvió a abordar a nadie, y el joven feo pero extrovertido, se convirtió de la noche a la mañana en un ser sumiso, lleno de resentimiento y miedo.

De vuelta a Lima, cuando cumplió los diescisiete años estudió derecho en la universidad, carrera que no culminó y se puso a trabajar como empaquetador en una fábrica.

Temía a su padre y nunca pudo olvidar el traumático episodio de su padre golpeando su cuerpo como cuando se pisa algún algún insecto asqueroso.

Se miraba lloroso en el espejo esa cicatriz que comenzaba bajo su ojo y terminaba muy abajo de su pómulo.

Se hundió en la soledad de su mundo: vacío, lleno de pensamientos y escaso de esperanza...

No, nadie en este mundo podía saber que Franz era homosexual.

No quizo que nadie se dese cuenta un milímetro de su homosexualidad. No, claro que no.

El miedo le hizo llenarse de amargura hacia otros homosexuales.

Odiaba a los afeminados por la alegría con la que paseaban su homosexualidad, la adornaban y la echaban en cara de la gente.

Odiaba porque nunca más se volvió a llenar su corazón con el calor de otro hombre y nunca más nadie se le acercó por ese aspecto hosco que ofrecía su faz.

Cortó la relación con su padre.

Era responsable en su aburrida y estúpida chamba.


Pagaba sus cuentas puntualmente, cumplió veinte años, veinticinco años y dejó su juventud en el trabajo, su único refugio.

Cuando cumplió veintisiete descubrió el internet.

Descubrió el Messenger, descubrió el patético mundo virtual refugio de muchos homosexuales
con vidas tan trágicas o vacías como la de él, y como muchos, se entregó a una búsqueda de sexo fácil y sin sentido.

Se describió como pasivo de veintitantos años, varonil, con estudios universitarios y actualmente trabajando.

Forma de ser: inteligente, leido, tímido.

Le llovieron las propuestas.

Y llegaron las citas a ciegas, con las que después de casi veinte años su homosexualidad pudo salir de su letargo.

Cada semana conocía un hombre diferente a quien citaba en su cuarto, algunos se sentían asustados por su cicatriz que le daba un aspecto delincuencial, pero otros solo buscaban a alguien quien les saque la leche sin que les importe el físico.

Pescó sífilis, y el culo se le llenó de ampollas con agudos dolores que le hacían morder la frazada,
cagar era un suplicio, y caminar un tormento.

No quizo ir de miedo a la posta, ni al hospital, esperó que su cuerpo se curara solo, aguantó el horrible dolor y se automedicó con penicilina.

Cuando cumplió 30 años su padre murió, no tuvo ningún sentimiento hacia él.

Sus fronteras sexuales se ampliaron.

Descubrió que no sólo era pasivo sino que podía hacer el papel de activo y se entregó a una vida de vicio sexual… a su edad comenzó a disfrutar el alcohol, las borracheras y le gustaba levantarse locas, las cachaba sin condón de borracho, andaba con una capucha para ocultar su cicatriz, aunque siempre le robaban las cosas de su cuarto: su minicomponente, su ropa, relojes, celulares, zapatillas....

Hasta que una vez despertó de frío en el suelo y se dio cuenta que le habían robado su mismo colchón.

Perdió el trabajo. Comenzó fumando marihuana para llenar la soledad y disipar su tristeza.

Se metió cocaína por primera vez en los alrededores de las discos de ambiente del centro de Lima, y la pasta básica de cocaína le invitaron al salir de La Jarrita unos soldaditos borrachos, pero más, mucho más le gustó el cloro...

Se pegó con las drogas, le gustaron muchísimo, por primera vez en su vida pudo sentir paz en su corazón, era, como si el humo de los tronchos entrara a su corazón y a su pensamiento y lo barriera todo: al pasado, a la soledad, al abandono....

Y su corazón cayó pronto presa ante esa maravillosa felicidad que ofrecen las drogas.

Maravillosa, pero falsa. Y ya no quiso nada más.

Huyó del cuarto donde estaba porque ya no pudo pagar los cuatro meses de renta,
vendió sus cosas y se alquiló un cuartucho en el Agustino.

Una noche, sin comer y angustiado por la falta de drogas salió paranóico y asustado,
corriendo por el centro de Lima gritando, espantando a los transeúntes
y arrancó inconscientemente, por primera vez en su vida, la cartera de una dama asustada.

En la cartera pudo hallar treinta soles con los que se fue á la callecita de los dealers,
una que está al costado de la plaza San Martín donde pudo comprar cuatro ketes de pasta básica de cocaína, a cinco lucas cada uno y un paquetito de diez soles de marihuana, a uno de los tantísimos dealers que amables venden drogas como si fuese pan nocturno para los noctámbulos.

Fue desesperado su cuarto, mezcló la pasta con la marihuana, las enroló en un pedazo de papel,
metió los palitos de fósforo, para que no se consuma tan rápido, prendió el fuego con el que recorrió el troncho, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha, en un ceremonioso acto de fumón.

Finalmente prendió el clásico mixto que se había armado y comenzó a fumarlo en la soledad de su cuartucho, jalaba profundas bocanas, las retenia inmóvil un buen rato, expulsaba el humo y nuevamente jalaba...

Uuufff, qué riicooo....

La paz volvió, el relax, la confianza, la esperanza y el olvido.

Pero la falsa dicha que las drogas le brindaban se acababa pronto, y al desaparecer sus efectos, sus fantasmas regresaban, y era necesario abastecerse de más... fumar todo el día, toda la noche, adormecer los sentidos...

Al no tener dinero, se convirtió en delicuente. Un mediocre delincuente en soledad. Pasar la noche en las calles de Lima no era realmente un problema. Siempre hay un hermoso portón, unas bellas columnas romanas o un riquísimo banco de mármol que le servían de lecho temporal...

Pasaba que a veces se iba a alguna cantina donde por un sol le daban un poco de aguardiente y no sabía cómo terminaba durmiendo en alguna esquina, sobre algún carton o mamandole la pinga sucia a algún compañero alcohólico...

La incurable sífilis le volvía a atacar por temporadas, con sus oleadas de dolor, las ampollas le quemaban, le hacían gritar, y sólo la pasta y el cloro mitigaban su dolor.

Ni fuerzas tenía siquiera para robar, ni siquiera para levantarse, y allí sobre un cartón, en una esquina, con los ojos perdidos, algún joven pasó y le dio una bolsa con cachitos con manjar, y fué así que Franz aprendió a extender la mano.

Nuestro Franz cumplió treinta y cinco años, era andrajoso, en buena hora la barba le cubrió el rostro, se llenó de piojos y apestaba.

A veces nadie le daba limosna y los dealers se compadecían de él y le regalaban un poco de pasta o cloro.

En el mercado central era fácil abastecece de alguna fruta que le ofrecían las caseritas piadosas,
pero a veces no podía comer nada, su estómago lo rechazaba todo.

Y fué que en el mercado central comiendo un pedazo de pescado frito que le habían regalado, que conoció a un perro tan flaco y sucio como él con quien compartió los huesos de su almuerzo de ese día.

Le nombró Jack.

Y fué así que Jack se convirtió en el primer y único amigo de Franz, animalito que le brindó compañía en las frías noches, buen camarada en la búsqueda de comida, y entusiasta movecola que le arrancaba sonrisas a Franz.

Esas olvidadas sonrisas por las cosas sencillas que ofrece vida y que iluminaba el corazón de nuestro paria, con la honestidad que una droga jamás ofrecerá.

Jack no se despegaba de su Franz.

Hasta que un día a mediados de agosto a sus treinta y seis años, en una fría y lluviosa tarde de agosto, Franz, quien no había probado alimento durante más de una semana, estaba buscando cartones servibles en un basural, para renovar su lecho,
y en eso,
sintió una oleada de debilidad en su cuerpo y se desplomo semi-inconciente sobre el basural.


Jack le lloraba moviendo la cola, desesperado le lamia el rostro, le jalaba el raído pantalón,
ladraba como pidiendo ayuda, pero Franz no podía moverse,
aún con los ojos abiertos y secos miraba el feísimo cielo gris de Lima.

Más basura le cubrió el cuerpo los cuatro días que estuvo desplomado,
y por fin cuando pasó el camión recolector de basura se lo llevó en una inevitable y espantosa confusión,
mientras Jack, angustiado, perseguía incansable ladrando al carro recolector,
que se llevaba a su amito Franz, aún con vida.

viernes, 20 de noviembre de 2009

CONFESIONES

para v


Sí,

fuí una perra a los doce años,

de tí y para tí,

cuando nítidamente conciente

me deje arrebatar,

al encanto de ese amor.


Y hoy al despedirte de esta vida,

recuerdo

que fué dulce entregarme

verme feliz homosexual tal cual,

bajo el terrible amor que me dió tu mirada,

tu voz,

tu olor,

tu cabello ensortijado,

tu pendejada,

y la embriaguez violenta de un placer

que nuestro suave lecho acogió

rendido y fascinado

ante el atroz roce de aquella tu barba.


Olvidando la verguenza del peso de esa irónica infamia

que mi amor por tí no pudo resistir.


Pero oh!

semejante belleza

de tanto pecado,

tanto estremecimiento,

tanta noche,

tanta dulzura,

prometo cada detalle,

por siempre

guardar.


Mi querido amigo,

compañero, amante, hijo,

hermano,

padre, esposo...

que hoy partiste

dejándonos la añoranza de compartir quizá ya no el amor,

pero sí la sonrisa, los lazos

y la vejez tal vez,

como si apurada la vida tan pronto,

todo se lo quisiera llevar.


Porque con el derecho que me concedió

el haberte amado alguna vez hace ya tantos años atrás...

inevitable me he quebrado para despedirte.


Recordándome en estás lágrimas:

dónde quedaron las líneas y la ilusión de ese amor

que en tí conocí y me moldeó?


Porque violento,

cada luna llena

me he visto

partido y ensangrentado,

pagado facturas

por todos los pecados aquellos

que orgulloso

mi corazón te confiesa,

justificar

no podrá

jamás.

jueves, 28 de mayo de 2009

Travesti

I

Llega la linda navidad en el pueblo,
y en el jardín de la casa de este chico,
niño entonces,
todo es alegría.

Enmarcado con sus rosales amarillos,
su inmenso pino y
oloroso cedrón
las pastorcillas ensayan sobre el patio de piedra,
los bellos villancicos para la nochebuena.

La hermana mayor, toca el bombo,
y todas zapateaban dando una vuelta al son de la fuga que goza:
♫ Que viva que viva mi niño Dios, que viva que viva que ya nació♪
y versan la música
sobre los melancólicos acordes de los huaynos serranos.


Para construir el nacimiento de la casa
los peones habían ido al río para traer bloques de pasto verde
y las campesinas habían traido las exóticas pencas, chullpas y achupallas
que crecen en los inaccesibles montes jalqueños
con los que su ma y su pa construyen en el gran salón de la casa
el Nacimiento: el bello paraje de Belén a modo paisaje serrano.


Y en el centro las lindas imagenes de María con anaco de lana,
San José con su sombrero shilico, ambos adorando al pesebre del Niñito Jesús
el cual todavía se lo coloca ceremoniosamente a media noche .


Por la noche la casa es un jolgorio,
en el backstage todas las pastorcillas se
esmeran para salir impecables esa noche.

Y él?
Pues nuestro niño travesti
feliz en ese colorido mundo junto a las guapas campesinas
de brillantes cabellos negros
con gruesas trenzas atadas con cintas de colores y ganchitos plateados
tres vueltas de collares multicolores en sus cuellos,
vestidas con blusas blancas bordadas con pajarillos fucsias y florecillas turquesas,
anacos blancos que se usaban a modo de chal con grande imperdible al costado,
polleras multicolores todas con pretina blanca a la cadera
y llanques con florecillas colorinas en sus piececitos.

Él maravillado,
ayudando con el carmin y los lazos
probándose las joyas y las polleras que,
por cierto todas le quedan grandes
ya que él es aún un pequeñin de lindos ojos negros.

Las pastorcillas van danzando hasta la casa de cada vecino del pueblo para
saludar cada nacimiento cantando los lindos versos de
los alegres villancicos serranos
y dejando un borreguito como ofrenda, caramelos o una pequéna oración
para el recién nacido Niñito Jesús

Para medianoche en la Misa del Gallo los grupos de pastorcillas
de las familias del pueblo se concentran
con los feligreses en la abarrotaba iglesia,
la cual vibra al son del bombo, la quen,a la antara y el acordeón
para acompañar a las finas pero fuertes voces de las niñas,
quienes zapateaban con el alma levantando sus blancos pañuelos
y girando graciosas sus frondosas polleras mostrando medio
muslo bajo enagua de encaje,
y es cuando la alegría invade colectivamente a todos los corazones
de la gente del pueblo,
quienes agradecen las bendiciones recibidas y encomiendan a los más amados
al recién nacido Niñito Jesús.

Luego, la fiesta se traslada a casa,
llenísima de niños, familiares, amigos, vecinos, y danzantes,
donde comparten el sabroso chocolate shilico, y la rica porción de queque que
su otra hermana mayor las ha horneado hornea por docenas en la ciudad
y las trae al pueblo para compartirlo con todos.


A los grandes se le sirve fuerte aguardiente para el frío
la dulce coca para shactar,
y los ricos Incas sin filtro para fumar,
asegurando la borrachera de nochebuena.

Ponen el tocadiscos y comienza el baile con las pegajosas cumbias
entre las lindas achupallas, rosas, velas y las brillantes guirnaldas.


El pequeño feliz ,
pues había bailado, cantado y rehuido exitosamente
de los cariñosos reproches de sus hermanas
quienes extrañadas de su pequeño hermanito gay le dejaban
contrariadas ser el mismo
cansado también estaba acurrucado en algún rinconcillo de la casona
con sus amiguitas pastorcillas
tomando el caliente chocolate de Celendín
con su grandota porción de queque.


II

Aquí en la ciudad del valle pues otra linda navidad llega nuevamente,
no esta navidad, sino otra navidad,
y este chico, joven ya,
la celebra bailando, cantando, pero ya no en casa.

En casa la celebra cenando y sin mucha fiesta,
espera que todos se vayan a dormir,
no puede ir a alquilar un hotel para trasvestirse porque se haría tardísimo.

En su cuarto semi desnudo con el rostro y piernas perfectamente
depiladas y humectadas
comienza su ritual:
Se pone los ruleros,
pone un cd: Chabuca Inédita.

Unta su guapo rostro con la base a lo mimo,
esculpe con la brocha sus lindas facciones en un tono oscuro,
rubor rosa para sus mejillas.
Se demora un huevo delineando sus grandes y negros ojos a lo gata
usa escarcha plateada en los párpados
una franja de azul oscuro un poco más arriba
y el iluminador blanco plata en cada extremo bajo las cejas.


Un poquito de rosa brillante para los labios
que ya de si los tiene bonitos
y listo queda conmovedoramente bella
sutilmente sensual.

Unta todo su joven y delgado
cuerpo con crema de vainilla
se pone su entallado short...

Para aumentar las caderas y pompis usa panqueques de esponja,
bajo siete pares de pantys que las disimulan a la perfección
calzón de encaje rojo,
negliyé rojo.

Se pone el vestidito de terciopelo color carmín,
de inmenso escote en espalda hasta la cintura;
y para finalizar los falsos senos bajo el escote
sin brasiere porque el corte del vestidito es al bies
y entalla perfecto, no lo necesita.

Se suelta los ruleros,
peina sus ondeados cabellos con las manos
a lo Monroe.

Se pone las argollas y collares de plata
a lo Moss.

Anillos y pulseras no,
le incomodan.

Se mira al espejo
Verifica cada detalle,
retoca su maquillaje.

Uau !
Travesti guapa!
Naturalmente linda,
jamás vulgar!


Guarda todo en su carterita de lana en tono crudo:
cigarrillos de menta,
encendedor,
llaves,
dinero,
condones,
espejito,
el cuarteto escencial para los retoques: labial, rubor, polvos y lápiz negro,
chicles de canela
gotas para los rojos ojos borrachines
lentes negros por si se amanece evadir las chismosas miradas de la gente,
por último
se pone los
zapatitos blancos Nine West
para finalmente,
salir para la noche…


Antes de salir verifica que todos estén durmiendo en casa,
excepto su primo quien ha salido a saludar a su chica,
se saca y lleva los zapatitos en la mano para no hacer ruido en las escaleras,
baja sigiloso a la puerta principal,
sale y cierra la puerta, se pone los zapatitos y se prepara para continuar,
pero viene un taxi y se cuadra frente a la casa de donde baja su primo
con su guapa enamorada.

Caballeros, se dice sí mismo,
respira,
Manu nunaca lo ha visto así trasvestido, pero todo era obvio,
no muy palteado les dice Holas y Chau, chau! les a lo jermita apresurada
con abrigo y carterita en mano,
salta el altito de la entrada hasta la pista hacia el mismo taxi
y se le rompe la tirita del zapatito fino,
el cual sale volando,

“Ay, que pena”, dice la chica de Manu.


Palteada, corre a recoger el zapatito y se sube al taxi. Chau, Chau…
Ya en el taxi, cranea y baja en el parque de la otra esquina,
con el zapatito de miércoles en mano,
sabe que no puede volver a casa trasvestida para reparar el zapatito
con la tirita rota,
se pone a buscar en el parque y halla un pedazo de alambre con el cual
logra atar talentosamente el zapatito a su piececito
disimuláldolo bien.

Y por fin!,
arranca una flor amarilla del parque,
se las pone detrás de la oreja
y con el toc toc de sus zapatitos
se va a bailar
en
nochebuena!

lunes, 11 de mayo de 2009

Malsana Noche



Noche de mierda,
nada en tus negrura
me sorprendería ya,
ni la mano de la Muerte
danzando su negro velo
sobre el afán de mi suerte.

Pesada noche trastocada
solitaria hambrienta
sin luna
calada de tormenta
me has encarcelado nuevamente
al no permitirme amado
sino vehemente solitario
entre estas dos sábanas
que de merecido amor
fueron antes
las más empapadas.

Loca larga noche:
despierto me tienes,
ahogándome en bocanadas
que perturban mis pensamientos
donde tu oscura penumbra
delinea el camino de una calle
a donde debo entregarme,
sórdido bajo la sombra,
para una aventura desprovista
de nombre rostro y palabra.

Te temo puta noche,
así me has de querer
en vela y encarcelado
treinta y seis mil segundos
sin dormir acaso alguna
hasta cuando por fin,
mi pálida faz
reciba feliz
la seductora madrugada
que se lleva sangrando por el horizonte
a tal malsana noche.

domingo, 5 de abril de 2009

Adios


Rio al pensar en el adios,

cuántas veces nos dijimos adios,

para reencontrarnos ardiendo

ni bien pronunciada la palabra.



Debo pensar,

que una eterna despedida

es necesaria

y no por falta de amor

ni ternura

ni pasión



ya que lo nuestro fue mucho más

que unos puñados de versos

cuajados de sentimientos

imposibles jamás de acabar.



El olvido debe ser dulce

el recuerdo tranquilo

la mirada dichosa

y el corazón expectante

a florecer siempre

en los brazos de otro amante.

sábado, 14 de marzo de 2009

Morenito colorao'

Para Naty,

en su cumple




Amanecí callejero

ebrio de copas aquí y allá

con unos ojos ansiosos

un cuerpo meneante

un corazón pasajero

en esta corta vida

en que cada momento

feliz y angustioso

pasó,

dejando sus respectivos trazos

en este corazón

maltrecho roto

de un pensamiento

que apenas recuerda

las noches vividas

de copas y humo

y este cuello

testigo de desconocidos labios

que dejaron sin derecho

huellas,

descubiertas

en mañanas desnudo

frente a este espejo

mentiroso necesario

de una belleza, que sublime

se desvanece

dejándome

en burla

con unas cejas negras, unos labios rosa,

y estas mis cinceladas líneas…

bellas contradictorias

sin juventud aisladas

en este valle

desperdiciado

infeliz terco

llorando en cada esquina

por un anhelo

de hace mucho tiempo descartado

de pajarillos candorosos

piel balsámica

la que recorrería

comenzando por tu cintura morena

que no será mía, no

que no merezco, no

ni lecho

ni manos

ni barba;

por infeliz

malagradecido

como si no hubiese temblado

a la vera

de otras pieles,

estremecido

ardiente tras un placer

efímero necesario

de gemidos provocadores

que los cambiaría yo

todos

sí!

por perderme esta fría madrugada

en el capricho

de mi quimera calurosa

de tu piel y mi piel

amaneciendo juntos

desde hoy para siempre

oh!

he de matar la ilusión?

para vivir acaso?

como si vivir dejando

pudiera

que al detener el vano sueño

me desprendería

del rasgueo de esta guitarra

que me acongoja

me eriza

y me lleva

otra vez a la cordialidad

de tu sonrisa

esa tarde de carnaval

que oías sonriente

la copla cantada para ti

la cual

acompañabas

con sombrero ‘e palma

serpentina colorida

aplauso acompasando

sonrisa

y cigarrillo,

morenito coloradito,

carita pintada

aquel sábado de carnaval

cuando este cholito carnavalero,

a carnavalear

te enseñó,

costeñito forastero,

feliz tú

en calurosa

tierra extraña.

jueves, 19 de febrero de 2009

De coplas


jueves, 22 de enero de 2009

Oscurana



Llegó bonita la mañana,

desprendiéndose de tu cuello,

mi sueño

sin querer volver…


¿Por qué abandonarías el pensamiento,

luego de la linda tarde y del fuego de la noche?

luciendo sereno en el cálido lecho,

vagué embrujado por tu cadera,

mirando pasar por la oscurana

el reflejo de una luna en estas sábanas

y tu sonrisa, tu barba,

arrebatándome,

en la belleza,

de una efímera madrugada.

domingo, 18 de enero de 2009

Nocturno



Partiste,

dejándome con mis palabras.

Estas palabras

que desaparecieron,

aparecieron y se unieron

sólo para recordarte,

para luego olvidarlas,

y dejarlas por allí,

mal escritas testigas de mis noches…


Palabras que brotaron al pensar

en el viento que te acaricia esta noche;

aquel que no se halla en este valle

nocturno frío,

pero sólo fueron palabras…


Palabras que dije,

que escribí e imaginé

aquellas mismas que no recuerdo;

todas estas palabras que las callaste

con tu presencia arrebatándome,

apasionado tú, de mi fantasía…


No pensé ni siquiera despertar

para ver qué día era, qué hora sonaba

simplemente entraste a mi lecho

y silencioso lo silenciaste todo.


Y yo.

bueno,

tímido,

emperrado y desnudo

enlazado a ti como la cuerda

de una guitarra en la madera

fui egoísta,

como si estuviésemos aún

en aquella madrugada

que nos conocimos

que nos amamos.

Amanecimos,

nos vestimos y salimos a seguir amándonos

bajo aquella mañana

sobre otro lecho,

aquel domingo,

desnudos nuevamente

hermosos, locos, salvajes…

sábado, 17 de enero de 2009

De amor



Trazos para paty
"A dress to go heaven"

Palabras para cheri



¿De amor?

Sí,de amor mis pensamientos,

de amor mis sentimientos,

colmados esta helada noche

susurran alegres por mi bella cortina,

transparente,

florida…


He madrugado,

escuchando la lluvia;

despertado,

bañado en sol;

y en sueños fantásticos,

descubriéndome tú la gloria de tu raza

bello, encantador

encandilador y sutil;

sutil, que me conmueves,

me irradias,como aquella

noche bajo tanta lluvia

mojados caminando,

sintiéndonosa cada milésima de segundo

sin darnos cuenta,

de esta pasión constante

en tu vida a la mía unida.


Me sabes, te sé

en cada milímetro de unos dedos,

tu espalda,

y de ese fuego abrasador,

que nace en la línea de tus labios

por los que tanto lloré sin fé, un día…


Ebrio, sí,de tantas noches y muchas madrugadas

ebrio, empalagado, feliz

sintiendo nada

excepto tu presencia en vela

de la bruma en mi borrachera;

acaso no nos conocemos de cada latido?

acaso no son nuestras miradas las que todolo dicen,

y sobre todolo que todo lo gritan

al frenéticamente unirse en el intimo encuentro

de sus cuerpos?…

acaso, nadie más que tu y yo nos habremos encontrado niños aún,

en la transparencia de una lágrima,

¿Mi amor?